Había una vez

-Todos los cuentos tendrían que empezar por “había una vez”.Acabar en perdices, o un vivieron felices.
Las historias deberían obviar los por qué. Huir de las lógicas, de lo concreto, de lo certero.
Lo mágico habría de ceñirse a lo imposible que sucede con naturalidad.
Lo incuestionable de lo irreal nos presta un lugar más seguro que una realidad teñida de tantos tonos de color como visiones y opiniones del mundo hay.
No hay realidad en la que coincidamos, y sin embargo nadie cuestiona un sueño.

Una vez acabó su breve discurso, el constructor de sueños dejó los papeles sobre el atril y se marchó del auditorio en el silencio profundo que deja la ausencia de aplausos. Más tarde, Jaime, el chico que limpiaba el escenario, se sorprendió al recoger las hojas del extraño ponente.
Unos veinte folios en blanco, y en todos y cada uno de ellos tan solo tres palabras en la banda superior izquierda: “Había una vez”Typic(1)

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