como un ovillo

Como un ovillo de lana blanca, enredada, retorcida, con la cabeza entre las piernas. Escondida. Yo mientras me supongo erguida, creo sentir dolor en mi tensada espalda, en la nuca que sostiene una cabeza que no funciona.
En medio de la confusión de ser una especie de pelota, tengo los pies en la cabeza, la cabeza por el suelo y no me encuentro los ojos. Tras arduos intentos por intentar discernirlos de las orejas me dispongo a abrirlos, lo consigo pero sólo me veo a mi misma, no se si es mi ombligo o mi cicatriz lo que en una extraña mueca me sonríe.
No sé en qué soy arriba y en qué abajo, ni dónde está mi centro ni en qué lugar sustento mi equilibrio.
En mi nueva condición de redonda, sólo puedo rodar, y ruedo sin ver hacia dónde, yo misma me tapo el camino. Y eso que juraría que mis pies tocan el suelo, que me duele hasta el recuerdo de dolerme andando.
Me preocupa mi espalda desprotegida contra el suelo, pero no hago ni voy a hacer nada al respecto… los cristales que me clave se irán cayendo con el tiempo, sino los guardaré dentro de mi, como el resto de cosas rotas que atesoro. El lastre aprieta y hunde, y yo me esfuerzo por colgármelo de los labios para tener la boca bien abierta para chillar lo que no debería ni pensar, y la piel bien dolorida para no tener ganas ni de besar.
La circulación se resiente, los músculos se atrofian, y yo sigo en círculo anhelando líneas rectas, que se crucen, que se tuerzan, que avancen infinito, que me calmen.

Todas las veces son la última

Sí ya lo sé,
Faltas cuando no te tengo, sobras cuando estás.
No quiero verte cuando te veo.
Te busco sino te encuentro
se nos ha caducado ya veinte veces la fecha de caducidad.
No te pienso, no te echo de menos.
Y no voy a dedicarte mis versos.
Tal cual hago.
Sacas lo peor de mi, y es cuando más me quiero.

Todas las veces son la última
los abrazos despedidas
los besos con sabor a adiós.
Cuento las caricias para borrarlas
las palabras las guardo para olvidarlas
no te voy a dar el hueco q te mereces
sin memoria, no hay historia q narrar…

Te he enviado 2 mails y no contestas,
y estoy aquí en mi cama
y echo de menos que me preguntes si me puedes desnudar,
y mañana no se escuchará tu horrible despertador,
ni me dirás que no vas a preguntarme si te puedes duchar.
Ni se escucharán tus pasos mientras intento aprovechar media hora más de sueño,
ni me pedirás un beso de despedida mientras pienso que no abro lo suficiente los ojos para saber qué camisa llevas y esbozo media sonrisa mientras alzo los brazos, te medio beso y te deseo un día feliz.

Incluso puedo olvidar contener y ocultar un te quiero.
Que me lo robe la boca a la cabeza y se escape entre el sueño y el miedo.
Y aún así, seguido, pensaré que esa será la última vez.

Todas las veces son la última
los abrazos despedidas
los besos con sabor a adiós.
Cuento las caricias para borrarlas
las palabras las guardo para olvidarlas
no te voy a dar el hueco q te mereces
sin memoria, no hay historia q narrar…

Odiándote (por dejar de hacerlo)

Ahora a quién le dedico yo mis frases
A quién le pongo mensajes ocultos que todos puedan leer
A quién culpo si me siento triste
A quién odio si me veo sola
Ahora de dónde saco la rabia, la frustración
Quién pone la cara en la diana para lanzarle dardos
A quién le deseo dolor (justo el mío, no más)
A quién busco para jugar con celos
Para quién me disfrazo de mujer segura e indiferente
De quién me desenamoro a cada instante
A quién recuerdo olvidar constantemente
Quién recrea el personaje de mis sueños y de mis pesadillas…
A quién espero ver aparecer en mi puerta
Quién me decepciona cuando no llega
Quién, si tú ya no cuentas…
Eres tan insignificante ya que resulta imposible odiarte.
Y por eso te odio un poco más.
Me has robado el drama… por no dar la talla.
Que molesto es darse cuenta de que alguien ya no importa.

fElIcIdAdEs Joel

de cuando en cuando, toca.

De cuando en cuando, toca.
Reviso cuánto cuesta un vuelo a cualquier lugar y preparo el viaje.
Me enamoro de un desconocido al que no espero conocer.
Miro pisos en alquiler y casas lejos de todo lo que me es cercano.
Recuento las palabras que he escrito para ser escondidas y enseño algunas.
De diez recuerdos, borro siete, reinvento dos y uno lo guardo.
Hago a cualquiera destinatario de los pronombres en segunda persona.
Pienso que la huida es factible y la organizo.
Te busco, me escondo, dejo que me encuentren.
Quiero a mis enemigos, repelo a mis amigos.
Me espero sin verme llegar.
Y no llego.
De cuando en cuando alguien demuestra que no vale nada.
Y yo me siento culpable de sus miserias,
justifico sus acciones injustificables
y me hastío de los “perdona” y los “lo siento” sin fondo.
Pero perdono y lo siento.
De cuando en cuando tocas…
Y sé que te voy a encontrar en cualquier parte.
Aunque no sea probable, aunque no quiera verte llegar.
Apareces.
Y las cosas que nunca te dije se revolucionan en mi boca,
Se pelean por salir, navegan en mi saliva,
naufragan y se ahogan antes de llegar a los labios.
Y me quedo sin saber si las cosas que nunca te dije,
son también las que nunca te diré.
De cuando en cuando me harto de hablar de amor,
si yo nunca quise a nadie,
de rimar versos, yo que nunca supe contar,
de atravesar nubes, yo que últimamente vuelo bajo.
De cuando en cuando ninguna palabra es acertada,
ningún final le pega a este cuento.
De cuando en cuando…
simplemente…
toca.