y si…

Y si desaparezco y veo que ni yo me encuentro.
En letra pequeñita, pequeñita me enredo,
tatuándome en la piel los versos.
Trazando mapas hacia mi cabeza usando el abecedario como coordenadas
Siempre fui tan despistada…
He perdido la A y ahora las palabras se me quedan a medias,
no puedo amar, ni abrazar, ni aspirar a nada…

Como carecía de brújula de esas que siempre señalan el norte
me he dibujado un imperdible mágico,
Sirve para no perderme
Lo malo es que al ser dibujo no se engancha en parte alguna
Así que quizás no resulte efectivo.
por más que me reviso, sur … oeste
este vacío es imposible de llenar

Fantasma de lo que eras
Imagen distorsionada de una sombra
Sombra de luna
Que ilumina por reflejo.

No hay norte no hay sur
Porque no hay un de dónde parto,
Y así nunca encontraré el dónde voy.

Así que desaparezco
Porque si veo que realmente ni yo me encuentro
Quizás entonces
Pueda empezar a buscar de nuevo.

La hoja de papel (o los sueños bonitos)

” Se me han agotado los sueños sin haberlos cumplido. Así, vacía de ilusiones, busco desesperada un espejismo en el que redefinirme.
Nunca creí que la realidad fuese sólo lo que podía ver, y sin embargo, ahora, me parece aún más insulsa e insignificante que la miseria que oteo.
Voy a poner un anuncio: Se busca nueva realidad. La que tengo me molesta, me hace no parar de pensar, de imaginar, me hace siempre querer ir más allá… Se busca realidad que sepa a suficiente.
¿Quién me va a contestar?
Si no me contesta nadie me voy a quedar dormida, cómo la bella durmiente pinchada por un mundo envenenado. Me voy a envolver en sueños bonitos y no abriré un ojo hasta tener la seguridad de que lo que vaya a ver puede superar en algún punto, de algún modo, lo que un día imaginé”.

revolución

A mi revolución la mata la pereza
Muerta antes de nacer siquiera.
A mi futuro le corta las alas la distracción.
Alzando muros con ladrillos de tiempo perdido.
Tan sólo la idea de ser posible activa el miedo que me torna imposible.
Acepto con resignación que nada es perfecto.
Y asumo, así, que si acepto es porque intuyo la perfección.
Decido que no me rebelo,
y así empieza mi rebelión.
La dictadura que hay orquestada en mi cabeza me exige rendimientos que me niego a cumplir.
En mi desobediencia me autodestruyo.
Me robo la posibilidad de ser.
Lucho contra los pudiera
y siendo a medias yo misma
ni me lleno, ni me disgusto, ni construyo ni destruyo.
Me impido.
Y con eso olvido quien pudiera ser.
Regocijándome en luchar conmigo
Soy la oposición de lo que odio no tener
E impávida me describo
como mi peor enemigo,
sin dejar de rebelarme una y otra vez,
que si me doy el permiso, que si me centro y camino
me da pavor perder.
Otra vez el miedo me impide ver.
Y vuelvo a rebelarme contra mi rebelión
Toma la pereza el bastión
Mi esbozo parece ser yo
me acomodo y sigo muerta andando.
Aunque de fondo,
tenues, pero insistentes
sigo oyendo los latidos de mi revolución.

sigo viva…

nada, sólo por recordarlo…

Repetimos

Lo triste de lo cotidiano es preguntarse cuantas veces no habré escrito ya estos mismos párrafos. Las miserias de le memoria dolorida. La impunidad que le confiere al pasado su mismo estado, que lo disfraza de inocente y lo convierte en aceptable.
Penoso resulta lo mundano cuando no hay diferente que resulte anhelado. En una línea de dos extremos demasiado cercanos, en los que un extraño daltonismo personal, me hace ver blanco y negro como iguales.
Lo triste de lo divertido es que me olvido de escribirlo. Y por consecuencia, se torna en divertido lo triste si lo explico.
Las sensaciones de vivido, repetido, lo ya tenido. El corazón que hace un bucle, y la cabeza que no se reinventa. Difícil vislumbrar futuros con los ojos vueltos hacía la nuca.
La rutina de la estúpidez de lo ajeno. Lo monótono de la imposibilidad de lo cercano.

Ni atada a una piedra me sería tan perversa esta cuesta.
Repetimos, me grita algún director dictador al ver qué no estoy actuando como debiera.
Repetimos, acción. Y me siento un mimo contra un muro imaginario.
Repetimos? no porfavor.
No salgo de esta habitación llena de ventanas y puertas, sin techo pero sin cielo.
Y yo, que veo cielo y toco techo.